jueves, 14 de febrero de 2013

No pienses, que te enamoras.

¿Sabéis lo que pasa cuando alguien te dice "No pienses en un elefante blanco"? Venga, que yo sé que lo sabéis. ¿No? Bueno, os ayudo: Que en lo primero en lo que piensas es en un elefante blanco. Pues dejadme que os diga, pequeños ignorantes, que con los sentimientos pasa exactamente lo mismo. Cuando piensas en esa persona más de lo normal, cuando miras su última conexión en whatsapp (y que si coincide con la tuya de la noche anterior ya te caes muerta...), cuando te sale una sonrisilla de "Ay, no sé, déjame...", cuando empiezas a notar que algo está cambiando, que todo adquiere un toque bastante más absurdo, empalagoso y tonto, entonces, la mayoría de gente te dice "Pero no lo pienses, no lo pienses!!!!!" y, ¿qué pasa? 
Qué inteligentes sois, madre mía. Exacto, que lo piensas.

Y sin más dilación a alguien se le ocurre decir: "Oye, pero no te ilusiones ¿eh?"
Y tu cara, amigo. Tu cara refleja las mil mariposas que se dan de hostias dentro de tu estómago. Tu cara lo dice absolutamente todo.



#muyserio #seguroquenosoylaúnica #meencantaesto #muerodelamor #medarédehostias? #todopasa #todollega #estoygraciosa #los20nomecambian

viernes, 8 de febrero de 2013

Me siento culpable por haber aprendido a querer.

Entró y esperó. Esperó a que levantara la mirada buscando a cualquiera que no fuese ella. Sabía que al encontrarme con sus ojos el caos se sembraría en el espacio que nos separaba mientras alrededor todo giraba lento, muy lento; tan lento como cuando la incitaba a desnudarme cuando estábamos a solas.
Cuando nuestras miradas se cruzaron sentí un pinchazo en el pecho que rápido revolucionó mi cuerpo por dentro, que pronto llegó a mi alma. Me sonrió levemente, pero lo hizo con los ojos, sin dejar de mirarme, sin moverse del sitio, sin cerrar la puerta. Y yo ya no estaba allí. Tenía la cabeza en aquella cama que compartimos, el corazón en sus manos pendiente de un hilo y el cuerpo... Yo ya no tenía control sobre él. Mi cuerpo ya no era mío. Mi cuerpo era suyo.

Y recuerdo que apartó la mirada y sonrió, que mirando al suelo dijo "que guapa estás...", que el corazón me dio un vuelco al volver a escuchar su voz, que las piernas me flaquearon mostrando el poco control que tenía sobre mí misma si ella estaba cerca y que, como a cámara lenta, cuando se giró a cerrar la puerta, su pelo danzó al viento, posándose sobre su hombro derecho dejando al descubierto espalda y nuca, y ese lunar que había conquistado cada noche a la luz de la luna.
Y como embriagada, después de aquél instante, solo recuerdo su piel en mi piel, sus labios recorriendo mi cuello y mis dedos enredados en su pelo. 

Solo recuerdo que me sentía viva, pero también culpable por estar haciendo algo tan incauto y prohibido. Me sentía como si hubiera cortado todas las rosas rojas del jardín de la esquina. Como si esa pasión solo me perteneciera a mí.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Calidoscópi(c)o


Quizá, como decía Lope de Vega, la clave del éxito no está en seguir las normas de la preceptiva, si no en violarlas por completo. Después de muchos años aprendiendo a mirar, después de muchos desacuerdos en amor y amistad me doy cuenta de que yo ya he mirado el mundo desde todas las perspectivas posibles. 
Y me quedo con la mía aunque no coincida con la de nadie.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Once grados y frío sin ti

No es la primera vez que digo que los lirios me recuerdan a ti. Pero es que es la verdad. Jamás he mirado un lirio sin acordarme de ti. Jamás me he despertado sin pensar en ti. Jamás he dejado de echarte de menos. Y lo sabes. Por que estás ahí. Por que me cuidas. Por que tú serías la primera a la que acudiría a cualquier hora, minuto y momento especial de mi vida. Tú eres la que está ahí. Tú eres la que me hizo seguir. Y a un mes de que haga once años que no te abrazo, ni te miro, ni te quito el sueño, ni te desordeno la casa con los juguetes y las canicas por el pasillo; a once años de todo eso, aún te siento, aún espero picar a tu puerta, aún espero que un día suene el teléfono. 
No me creas si en algún momento he dicho que he perdido las ganas de volver a estar contigo.


Once años después sigo siendo tu pequeña.
"Cabezas alta, jovencita. No lo olvides nunca."

viernes, 31 de agosto de 2012

Viaje a Milán

Solo cuatro manos han tocado las páginas de mi diario. Solo dos le son totalmente familiares y hoy, las tuyas, le han dado algo de vida, algo de color, algo de magia. Y tanta magia ha pasado a ser mía. Tuya. Nuestra. 
Mi nombre nunca ha sonado mejor que cuando ha salido de tus labios y más sin tener que recordartelo.
Y un roce de manos me ha hecho perder los nervios y el segundo, como un efecto rebote, recuperarlos. Pero tu sonrisa y tu "nos vemos pronto" me han curado del todo. 
Me has curado, Ana.


viernes, 17 de agosto de 2012

Aprende a mirar

Aprende a mirar. 
No es una orden, ni un consejo, ni algo que te digo para confundirte o hacerte pensar más allá de lo más simple. Es algo que quiero que se te tatúe en la mente cuando descubras un nuevo lugar, cuando conozcas a distintas personas, cuando algunas se conviertan en más que personas, cuando te acostumbres a ellas. Aprende a mirar. Espera. Mantente inerte y contempla como el mundo gira, como las cosas cambian, como aprehendes cuando resulta que al aprender a mirar ves más allá de acciones e intenciones. Aprende a mirar. 
Puede ser el mejor consejo que te hayan dado nunca después de haber escuchado a Timón y Pumba cantar "vive y sé feliz".

jueves, 16 de agosto de 2012

Y libranos del mal, Amén.

"La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella", decía Oscar Wilde. Y aunque nunca ha sido alguien que me interesara especialmente (miento más que parpadeo), tengo que reconocer que a veces creo que esto lo dijo pensando en mí -como el resto de mortales piensa, me temo-.
De vez en cuando nosotros nos situamos frente a las tentaciones. ¿Cómo? ¿Que son ellas? Aunque estemos altamente 
convencidos de lo contrario somos nosotros quienes las buscamos, quienes nos asustamos frente a ellas. Somos nosotros quienes decidimos que hacer o no hacer. Nosotros somos los que pecamos -y si siete pecados cometemos el octavo lo buscamos desesperadamente- y nosotros mismos somos los que después lo negamos e intentamos huir de ellas.
¿Qué? ¿Que a ti no te ha pasado nunca? Eso es lo que tú crees. Pero acuérdate de esto: seguirás pecando desde el mundo de ignorantes en el que vives.
Sin embargo, siéntete orgulloso: No hay nada más reconfortante y placentero que caer en la tentación y, encima, creer que no lo has hecho y sentirte libre de toda culpa.