martes, 3 de enero de 2012

50 confesiones

1. Me encanta hacer estos test. No los considero una perdida de tiempo sino una forma de pensar un poco más en que hay en mí que nunca digo.
2. Soy pasional.
3. Siempre tengo las manos y los pies fríos.
4. No me he comprado una falda nunca. Es más, no tengo.
5. Mi armario empieza a quedarse pequeño; las sudaderas abultan mucho: mi amor por ellas es infinito y aumentando.
6. Me sorprende encontrar a gente muy parecida a mi.
7. Mis amigos son lo primero.
8. No se dormir si no me arropo hasta arriba. Incluso en verano.
9. Me gusta jugar.
10. Tengo un anillo que se convirtió en un objeto especial solo por haberlo llevado durante un día especial.
11. A mi también me gustan ciertas miradas.
12. He empezado a escribir un diario.
13. No podré dejar Twitter por propia iniciativa.
14. Soy adicta a la gente interesante.
15. Soy sincera.
16. Aunque a veces miento.
17. "Nuvole bianche" es mi banda sonora cuando quiero reflexionar.
18. No voy a Starbucks por el café sino por la persona con la que siempre voy allí. Por su compañía. Por lo que siento por ella.
19. La frase "El prohibir es el despertar del deseo", es verdad; la frase "Un clavo saca a otro clavo" es mentira.
20. Me estoy redescubriendo.
21. Este año voy a tatuarme.
22. Es un número que me gusta.
23. Soy de las que besa primero.
24. Quiero ponerme una sudadera, unas converse y coger mi ipod e irme a la playa en invierno a ver anochecer.
25. El libro "El mundo amarillo" ha conseguido que entendiera muchas cosas.
26. En mi habitación tengo un "rincón del positivismo".
27. Soy estopera y faniston desde pequeña.
28. Quiero fumar.
29. Me gustan las conversaciones que suelo tener por el chat de Blackberry.
30. Pienso que todo pasa por alguna razón.
31. Me encantan los post-it. Hay unos 30 en las paredes de mi habitación.
32. Siempre me duele la espalda.
33. Si le das la vuelta al primer 3 se crea un 8. Si giras el 8 aparece el signo de la eternidad. Reflexión interna.
34. Soy de las que hace la loca por la calle.
35. La mayoría de las veces me ducho con agua caliente, pero me gusta el contraste con la fría.
36. Ese es uno de mis lugares de reflexión. Suelo quedarme bajo el agua unos 6 minutos cada vez que me ducho.
37. Si me ducho sin necesidad es porque tengo ganas de llorar.
38. Soy organizada.
39. Aunque algo vaga.
40. Ya no me acuerdo de como era mi vida antes de ti.
41. Me hubiera encantado ser amiga de Freud.
42. Y de Kafka.
43. Voy a volver a Praga.
44. Suelo guardar cosas -insignificantes para los demás- que me recuerdan a alguien o a algún momento que quiero recordar cuando tenga 70 años.
45. Pertenezco al grupo de Madames Bobarys del siglo XXI.
46. Quiero volver a montar en skate.
47. Antes del 20 de Marzo cenaré tortilla de patatas en un restaurante tranquilo en una terraza de Madrid.
48. Soy de la opinión de Amy Winehouse: "Mientras mi pelo esté bien aquellos que no me conocen no se fijarán en lo demás".
49. Cuando me quito y no me vuelvo a poner una pulsera que me has regalado significa que para mí mi relación contigo ya no es la misma.
50. Me encantan las caricias en la espalda. De hecho, considero la espalda una de las partes más bonitas de todo el cuerpo.

domingo, 1 de enero de 2012

2011, adiós.

Ha sido un inmenso placer.
2012, te recibo con los brazos bien abiertos.
Esta vez más que nunca: ¡Año nuevo, vida nueva!

¡Buen rollo para este año! (Descripción gráfica)

domingo, 18 de diciembre de 2011

¿Cómo se hace un actor?


El pasado mes de Octubre de 2011 se inició un ciclo de conferencias sobre teatro en la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona. Dentro de este ciclo, el martes 8 de Noviembre de 2011 se realizó la conferencia que cerraba esta actividad: ¿Cómo se hace un actor? El conferenciante fue, en este caso, el director del ESAD del Institud del Teatre: Josep Lluis Guardiola que dividió su exposición sobre el tema en dos partes: la primera, en la que hacía una breve introducción sobre el Institud del Teatre y su amplio abanico didáctico y la segunda, donde se centraba en la figura del actor y en su formación en el centro.


L’escola d’Art Dramàtic o Institud del Teatre es un centro que agrupa cuatro escuelas distintas: l’Escola Superior d’Art Dramàtic (ESAD), el Conservatori Superior de Dansa (CSD), l’Escola d’Ensenyament Secundari i Artístic (EESA) i l’Escola Superior de Tècniques de les Arts de l’Espectacle (ESTAE).
Estas cuatro escuelas se aúnan con la finalidad de otorgar al estudiante una formación teatral completa y dotarlo así de una versatilidad fundamental para el desarrollo de su oficio. 
Este tipo de enseñanza, que agrupa a los encargados de atrezo (en castellano es “atrezo”) y técnicos de maquinaria, los dramaturgos y los propios actores, pretende una formación plural envolviéndolos, desde su formación, de todo aquello con lo que van a trabajar en un futuro próximo.


Según Guardiola “el actor nace y se hace”, es decir, que un actor en potencia tiene unos puntos clave que debe explotar pero que aún están por conocerse. Es aquí cuando entra en juego la metodología del Institud del Teatre ya que a través de ella se encuentra el punto a potenciar de cada aspirante. 
Lo que quiere la escuela es hacer evolucionar dichos puntos desde la propia persona hacia un posible actor a través de trabajar la expresión corporal, la voz, la presencia de cada persona, etc. hasta que llega a dominarlo por completo. 


El actor es una de las dos piezas clave por antonomasia para la representación teatral.
“La actuación es un oficio puramente vocacional. Debes tener muy claro porque te dedicas a ello, el por qué de una elección tan clara por este oficio” sentencia Josep Ll. Guardiola; y es que según nuestro conferenciante un actor no se hace solo con los conocimientos adquiridos en el centro sino que la propia vivencia de la persona dota a su alter ego de credibilidad y experiencia. A esto se le llama actor de método. “Existe un momento en la vida en el que entras en contacto con este oficio por completo y ahí sabes que es para ti. Aunque sea un oficio gratificante también es muy sacrificado.”


Josep Ll. Guardiola también explica que no todos pueden ser actores, que no debe olvidarse que actor también se nace, además, con una serie de características a intensificar:
La primera: la espontaneidad, -propia del teatro Barroco-, que solo surge cuando de verdad se trabaja desde un personaje, con la otra persona y el resto del conjunto en un presente. “Una espontaneidad muerta mata la vida del teatro”, concluye Guardiola.
La segunda característica es la verosimilitud: “Es más importante el imposible verosímil que el posible inverosímil” Es decir, que aunque sea algo imposible si es creíble será verdad para el espectador: “En el teatro se puede hacer absolutamente todo siempre que sea creíble.”
Y la tercera y última característica –aunque no por ello menos importante- es la organicidad del actor, la conexión completa entre idea, sentimiento y expresión. Esto significa que aquello que hace el actor debe parecer fácil para el espectador.


A fin de cuentas, el objetivo del Institud del Teatre es conseguir un actor competente, que conciba su oficio como una forma de vida, que sea artista y creador y no una simple marioneta guiada por un director y un guión. Un actor debe ser un atleta de los sentidos, debe generar propuestas, trabajar en equipo y ser solidario. No puede ser alguien arrogante, sino que debe ser humilde y debe estar formado, necesariamente, para satisfacer las necesidades de un mercado y poder transformarlo.
Debe ser una persona curiosa, casi chafardera, y totalmente observadora de dos realidades distintas: la exterior y la interior o lo que es lo mismo: la mímesis y las vivencias.


Así se forma un actor: observando distintas realidades, haciéndolas suyas y reflejándolas en un personaje. De todas formas, es importante que el actor encuentre un punto neutro –tal y como se llama a la posición que mantiene el cuerpo del actor cuando está en escena- para encontrar su esquema corporal y poder así transformarlo. El más mínimo cambio será un indicio de personaje, ergo, también de aprendizaje.


Para acabar, cabe recordar que el actor debe ser consciente de que esto es, antes que nada, un juego. Una mentira trabajada desde la verdad, pero una mentira al final y al cabo. Este debe rechazar el concepto de marioneta guiada por un todo y tener completamente claro quien es para así poder mantener viva la magia del teatro que auque se represente otra vez  mañana nunca será igual que hoy.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Conclusión de la mayoría de edad

Cuando alcanzas la mayoría de edad descubres que el tiempo pasa más de prisa. Y no solo eso, sino que siempre ha sido así, que nunca lo has notado y que, por consiguiente, lo has perdido.
Llega un momento en que la información se agolpa delante de ti y falta espacio dentro para guardarla. Que tus ojos han visto millones de cosas, que tu nariz ha podido percibir mil matices de un mismo olor en un instante, que tus oídos han escuchado cosas preciosas sobre ti misma y que, a veces, tu boca también las ha susurrado sobre otros.
En realidad, con los años, aprendes que lo único que no se detiene y permanece es el cambio en sí mismo y que, aún así, lo agradeces.

Si las cosas no cambiaran nunca la vida sería demasiado aburrida. Si todos fuéramos igual de sinceros los unos con los otros las cosas serían más fáciles pero nada sería especial en toda su forma. Si no olvidáramos una muerte no percibiríamos una vida. Si no perdiéramos el tiempo constantemente y de forma inútil no seríamos capaces de ver cuando debemos aprovecharlo en realidad.
A veces, una sonrisa para el tiempo y lo cambia todo. Incluso el mismo tiempo cambia cuando la sonrisa se mantiene 18 largos años y tiene intención de perdurar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

¡Qué bonito es empatizar con la eternidad!

¿Cómo puedes empatizar con una persona con la que solo conectas un único instante?
¿Qué decide si ese instante os mantiene unidos o si vuestras vidas siguen su curso sin la mutua compañía?

Hablando del nacido en Long Island, del segundo de ocho hermanos, del primer autor de clase obrera del siglo XIX me pregunto por qué me surgen estas preguntas de carácter puramente existencial si estoy segura de que ese instante me mantendrá unida solo a quien yo quiero. 
Mas si esta premisa no se cumple, ¿por qué el destino me regala dicho instante si jamás va a rebautizarlo como eterno?


Quien influyó a referentes tan queridos por mi como lo son Lorca y aquel que advirtió que la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos; me retrata en su Canto 24 cuando escribe:


(···) Estoy enamorado de mí mismo, hay tantas cosas en mí tan deliciosas,
todos los instantes, todos los sucesos, me penetran de alegría.
No sé decir dónde se doblan mis tobillos, ni dónde nace mi más pequeño deseo.
Ni dónde nace la amistad que brota de mí, ni la amistad que recibo a cambio (···)


Al desagolpar mi mente concibo lo que desde siempre he sabido y que hasta hace unos meses no he sabido entender: La eternidad solo la tengo con quien me regala la existencia de quien decide empatizar conmigo, no un instante en este mundo, sino conmigo para siempre.

sábado, 15 de octubre de 2011

Y cada loco con su tema



Las locuras solo las entendemos los locos. Los cuerdos no aceptan que no son parte de nuestro mundo y se indignan.
Para un loco no hay nada mejor que encontrar a alguien tan loco como él mismo, alguien con quien compartir mil locuras. 
A veces, cuando los locos se pierden mutuamente, enloquecen hasta tal punto que la locura deja de ser un juego para pasar a ser un hoyo en que te vas hundiendo cada día un poco más.
Mi consejo es que nunca ames a un loco si aún te mantienes cuerdo. 
Sin darte cuenta perderás la cabeza.

domingo, 2 de octubre de 2011

Querer odiarte y odiar quererte.

No hay nada que me agote más que el hecho de deber odiarte. Deber odiarte, que no querer hacerlo.
Jamás he querido odiarte.
Nunca he llegado a odiarte aunque pensara que realmente lo hacía. Solo he querido quererte. 
Mi corazón siempre ha querido hacerlo. 
Cuando yo empecé a pensar en que quizá lo hacía él ya llevaba meses queriéndote. Deseándote, intentando atraerte. 
Ahora es mi cabeza la que sentencia que debo odiarte porque mi corazón no quiere dejar de quererte.
Hace el intento y es él quien juega con el verbo querer para confundirme y, al final, querer odiarte.